Diagnósticos del distrito

Un diagnóstico en el ámbito de la sociedad es una mirada hacia una temática determinada o un territorio, para conocer la percepción que las personas implicadas pueden tener en relación a la temática en cuestión, el territorio o una parte del mismo… El objetivo de ese conocimiento es aplicar las medidas necesarias para mejorar esa percepción.

Tradicionalmente, los diagnósticos se han realizado, y se realizan en base a encuestas, cuestionarios de todo tipo, entrevistas especializadas individuales o grupales, grupos de discusión, y otras técnicas de consulta, materiales con los que los equipos técnicos elaboran las conclusiones y recomendaciones de los diagnósticos. Y, normalmente, la cuestión queda ahí. Porque esos diagnósticos, auspiciados desde las administraciones o desde los espacios de poder, quedan publicados (o no) a la espera de que sirvan de base a la toma de decisiones políticas en relación con la solución de determinados problemas “detectados” mediante esos diagnósticos.

Desde el enfoque de algunas metodologías participativas, sin embargo, la cuestión no es tan lineal ni tan controlada. Esos diagnósticos tradicionales no ponen en cuestión, por ejemplo, que la percepción que tenemos de nuestra realidad está construida por las ideas y valores dominantes y que son estos, por tanto, quienes hablan cuando expresamos lo que sentimos como “malo”, o cuando demandamos o reivindicamos cosas sin reflexionar colectivamente sobre ellas, o cuando damos prioridad a expresiones mayoritarias sin tener en cuenta, precisamente, que son fruto de ese eje dominante de nuestro pensamiento-sentimiento-emoción… 

El diagnóstico  es una escucha activa que, aunque se realiza con equipos técnicos, busca desde el inicio la implicación de un grupo abierto de personas voluntarias interesadas (grupo motor).

  • Para la escucha activa, que hay que hacer con todos los discursos existentes posibles (importante, porque muchas veces solo escuchamos a quienes tenemos más cerca), se utilizan herramientas participativas en formato taller, que faciliten la construcción colectiva de los problemas a partir de los dolores de cada cual, de modo que diferenciemos entre el grito de dolor y la causa profunda.
  • Para ello, además, una vez realizada esa escucha activa y teniendo en cuenta los datos secundarios existentes (otros estudios realizados anteriormente, encuestas existentes, etc…) devolvemos a la gente, de forma anónima, lo que unas y otras han dicho, para reflexionar colectivamente sobre ello y buscar las líneas de superación.
  • Reflexionamos con la gente, también, sobre las causas y consecuencias de las distintas problemáticas que han ido consensuándose en el proceso, de forma que visualicemos donde se encuentran los nudos críticos, es decir, aquel conjunto de causas y consecuencias que más bloquean la situación. Así, sabemos por dónde es más prioritario comenzar a resolver. Y vemos, en paralelo, las responsabilidades en la búsqueda de soluciones, hasta qué punto tenemos que implicarnos directamente, o hasta qué punto necesitamos aliarnos, lo que queda fuera de nuestro alcance…
  • Y para cada nudo critico consensuado, realizaremos una planificación de actuaciones, con distintas actividades, objetivos a alcanzar, plazos, recursos necesarios, responsabilidades, quiénes se quieren-pueden implicar, etc… Es decir, la participación activa de las vecinas y vecinos continúa hasta que las propuestas se han puesto en marcha, se han ejecutado y se han evaluado… para seguir. 

Los diagnósticos que se han realizado en el distrito, hasta el momento, no son diagnósticos participativos de escucha activa, aunque alguno se denomine “participativo”, pero están ahí, nos dicen cosas que podemos utilizar para repensar sobre la cuestión, para ir más allá cruzando la información, para reflexionar colectivamente sobre las causas reales y buscar nuestros “nudos criticos” y cómo podemos implicarnos en “deshacerlos”. Te dejamos con ellos.