Plan Director de Movilidad Ciclista

El Plan Director de Movilidad Ciclista de Madrid, aprobado en el 2008, se propone siete objetivos:

1. Establecer una política municipal de la bicicleta.

La bicicleta es un elemento transversal de la política municipal; tiene que ver con la movilidad y sus infraestructuras, pero también con el medio ambiente, la salud, la educación, el deporte, el turismo o las actividades económicas. Por ello, una política de la bicicleta es necesariamente una política integral y coordinada que involucra en mayor o menor medida a todos los departamentos municipales.

2. Dar a la bicicleta un papel significativo en la movilidad cotidiana.

El reconocimiento de la bicicleta como medio de transporte, tiene que traducirse en la creación de condiciones cómodas y seguras para su utilización cotidiana en los desplazamientos que se desarrollan dentro de su radio de acción. La jerarquía de los diferentes modos de transporte iría de esta forma:

  • Protagonismo del peatón
  • Emergencia de la bicicleta
  • Apoyo al transporte colectivo y mejora de su eficacia
  • Racionalización del uso del automóvil (reducción del número de desplazamientos y de las velocidades que superen ciertos umbrales en los ámbitos urbanos)

3. Normalizar el uso de la bicicleta y la imagen de los ciclistas.

Al margen de los condicionantes geográficos y de la seguridad vial, el uso de la bicicleta en la ciudad se topa sobre todo con prejuicios o barreras culturales que asocia ciclismo a deporte, juego de niños o vehículo de las personas de baja renta. La normalización de la bicicleta hará que este modo de locomoción se convierta en una alternativa más para los desplazamientos cotidianos. 

4. Contribuir a la mejora de la calidad ambiental.

Los retos de la calidad del aire y del ruido en las ciudades dan una nueva relevancia pública a los medios de transporte alternativos, es decir, a los que son capaces de reducir significativamente los contaminantes y el impacto acústico por cada desplazamiento, favoreciendo la salud de la población. Igualmente, ante los grandes desafíos globales del planeta, como el consumo energético o el calentamiento global del planeta, la bicicleta puede contribuir a reducir la huella ecológica de la ciudad, es decir, al impacto de la actividad urbana más allá de sus límites físicos.

5. Favorecer hábitos saludables de la población.

El modelo de movilidad vigente en nuestras ciudades, con una masiva utilización de vehículos motorizados, es fuente de numerosos problemas para la salud de lxs ciudadanxs. A los accidentes del tráfico se añaden los problemas de salud derivados de la calidad del aire, el ruido o la falta de ejercicio. El crecimiento de la obesidad y de otras enfermedades vinculadas a la sedentarización, especialmente en el grupo de la población infantil, está replanteando los modelos de movilidad dependientes del automóvil en todo el mundo. Caminar y pedalear se convierten así en hábitos saludables que deben ser promocionados y difundidos.

6. Reducir la inseguridad vial.

La bicicleta, por su masa y su velocidad, resulta ser un medio de transporte mucho menos peligroso que los motorizados; capaz de generar muchos menos daños en caso de accidente. La bicicleta contribuye así a romper el círculo vicioso del peligro del tráfico y del incremento de la motorización: más desplazamientos en vehículos motorizados generan mayor peligrosidad y contribuyen a que se realicen menos desplazamientos a pie y en bici, sustituidos por nuevos desplazamientos motorizados.

7. Propiciar la recuperación del espacio público.

La presencia excesiva de vehículos circulando o aparcados ha degradado el espacio público y su utilización para otros usos que no sean los vinculados a la movilidad. De ese modo, la convivencia y la comunicación entre los ciudadanos ha sufrido un proceso regresivo que hoy es imprescindible reparar. La bicicleta puede favorecer la recuperación del espacio público como espacio de convivencia menos supeditado a la movilidad y al automóvil. No se trata de introducir sin más un nuevo elemento en el paisaje urbano, sino de cambiar el propio paisaje urbano hacia patrones más convivenciales que generen vitalidad urbana en cada fragmento de la ciudad.

Más información:  Plan Director de Movilidad Ciclista

 

 

 

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