Formación para la Participación

A participar se aprende participando tanto en el ámbito de una asociación o colectivo concreto, como en el ámbito de los espacios interasociativos y colectivos.

Pero, ¿qué es participar?

Sin entrar en profundidades académicas, desde el ámbito sociológico se entiende la participación de la ciudadanía como la capacidad de intervención y toma de decisiones en el espacio público.

Si aceptamos este enfoque, es evidente que necesitamos realizar aprendizajes en el ámbito de la participación, y que para que exista aprendizaje necesitamos prácticas y reflexiones en la misma medida.

Además, participar en la mejora de la vida de las personas y del entorno de tu barrio, de tu distrito, de tu ciudad, no solo ha de ser fácil y accesible sino, también, satisfactorio.

Es decir, que facilitar la iniciativa ciudadana en los espacios de participación, no solo es posible sino indispensable, para que las dificultades inherentes a la actividad puedan ser manejadas por todas las personas implicadas.

Dicho esto, es necesario saber cuáles son esas dificultades y quiénes son las personas implicadas… Cuestiones ambas que, aunque en cada momento, temática y territorio pueden ser diferentes, tienen algunos aspectos comunes de los que partimos, de los que aquí destacaremos dos.

Por un lado, el perfil de quienes participan, donde se echa en falta algunos sectores de población (inmigrantes, jóvenes, personas en riesgo de exclusión…). Por otro lado, la falta de información y formación para la participación, que hace creer a muchas personas que las cosas son muy complicadas y que no tienen capacidad para saber y decidir.

Sin embargo, muchas de estas dificultades percibidas a la hora de pensar en la implicación activa de las vecinas y vecinos en los espacios de democracia participativa, pueden ser abordadas con herramientas que llevamos utilizando hace algunos años y que se han mostrado útiles en la acción colectiva.

Herramientas metodológicas adaptativas que, además de tener en cuenta las diversidades existentes, estimulan la cooperación y el poderío vecinal de lo que es común. Herramientas que conllevan espacios formativos y comunicativos, funcionando de forma articulada y planificada.  

La experiencia de los foros locales

Compartir y distribuir el poder de decidir qué hacemos, para qué, para quién, cuándo, cómo, quién, con qué… No es algo sencillo. Requiere en primer lugar que quien tiene el poder quiera compartirlo, aunque sea en poca cantidad y en dosis controladas. Esto ocurre en todos los ámbitos, tanto institucionales como de iniciativa ciudadana. Y, aunque desde hace tiempo, se vienen abriendo caminos hacia las democracias participativas, aún existen muchas resistencias.

De modo que, abordar con éxito nuevas experiencias de democracias participativas, directas, deliberativas… (con más o menos aperturas), depende de muchos factores, algunos atribuibles al poder que lo pone en marcha, en este caso el Ayuntamiento de Madrid y, otros, atribuibles a la experiencia acumulada por la ciudadanía, lo que suele conocerse como cultura democrática que, a su vez, bebe en parte de las aperturas o cierres promovidos por quien toma la iniciativa y, en parte, de las propias iniciativas ciudadanas surgidas en las comunidades vecinales. Sin olvidar, además, que las herramientas de democracia participativa se sitúan en contextos políticos que las condicionan.

Por lo tanto, no solo se trata de aprobar una normativa, como la de los foros locales, sino de desarrollar un plan de comunicación efectivo, y un plan de participación y de formación permanente que facilite. Además, los espacios de participación no se sostienen solos, no tenemos una gran cultura de la participación, porque son muchas décadas de déficit las que llevamos a cuestas, y el sistema educativo no la favorece en absoluto.

Cualquier espacio participativo novedoso necesita un profundo acompañamiento, mucha información, mucha formación y tiempos acordes con los ritmos de la ciudadanía.

Y aunque cada distrito, cada foro local, ha ido haciendo lo que ha podido o sabido, cada cual según sus propias características, medios, etc, no hemos conseguido romper aún con algunos tópicos bastantes extendidos, como el del número de personas que participan en comparación con quienes van a votar en las elecciones, o el del «coste» que supone que la gente participe en estos espacios institucionales, etc…

La formación para la participación

Cualquier programa formativo requiere tres elementos: información, práctica y reflexión.

Estas páginas por las que navegas pretenden facilitar el primer aspecto, de forma que resulte más fácil realizar el segundo y el tercero. En este contexto, y al menos durante este año 2019, desde la Asociación Vecinal la Flor, desarrollaremos diferentes espacios formativos de los que iremos informando en estas páginas.

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